– Señora maestra, ¿cómo se forma el femenino?
– Partiendo del masculino: la “o” final se sustituye por la “a”
– Señora maestra: ¿y el masculino cómo se forma?
– El masculino no se forma; existe.

Sirva este breve ejemplo que figura en la publicación de la Euskal Herriko Uniberstsitatea titulada Uso inclusivo del castellano, encabezando el primer capítulo, para hacernos reflexionar sobre la necesidad del uso del lenguaje inclusivo en nuestras publicaciones. Para tratar de centrar el tema consideremos tres posiciones sobre el lenguaje inclusivo. La primera es la definición que maneja la Organización de las Naciones Unidas.

Por “lenguaje inclusivo en cuanto al género” se entiende la manera de expresarse oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género. Dado que el lenguaje es uno de los factores clave que determinan las actitudes culturales y sociales, emplear un lenguaje inclusivo en cuanto al género es una forma sumamente importante de promover la igualdad de género y combatir los prejuicios de género.

Por otro lado, la Fundéu nos invita a reflexionar sobre el valor de “nombrar”:

Es cierto que la ausencia no equivale necesariamente a la invisibilidad, esto es, que la ausencia, por ejemplo, de una forma plenamente femenina no conlleva necesariamente la invisibilidad de la mujer; pero también es cierto que, si lo que se quiere es dar una imagen más representativa de la realidad y, sobre todo, hacer la realidad más inclusiva, el lenguaje es una de las herramientas más eficaces. Darle nombre a lo que queremos que exista, a lo que queremos identificar, fomentar y cuidar. Nombrar es siempre uno de los primeros pasos y lo es precisamente porque posibilita el reconocimiento que está en la base misma de la existencia. Las lenguas son de quienes las hablan.

El español, creemos en la Fundéu, pertenece a sus hablantes; pero es innegable que la lengua es también un espacio simbólico de poder. Históricamente, existen numerosos ejemplos en los que determinadas ideologías han tratado, con mayor o menor fortuna, de apropiarse de algunas parcelas, intentando que sus modos de nombrar se entendieran como la forma natural e inamovible de llamar a las cosas.

Quizás, llegados a este punto, haya quién se cuestione si realmente “lo del lenguaje inclusivo” es algo de lo que nos debamos preocupar como matemáticas y matemáticos, y que esto es más de organismos oficiales y administraciones. En este sentido, cabe recordar que en julio de 2018 la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo encargó a la Real Academia Española (RAE) un estudio sobre “la adecuación” de la Constitución española a un lenguaje “inclusivo, correcto y verdadero a la realidad de una democracia que transita entre hombres y mujeres”. Tras un año y medio de trabajo, la RAE concluyó que nuestra Constitución es “gramaticalmente impecable”, volviendo a poner el debate sobre la mesa. Concretamente, el Informe presentado por la RAE en enero de 2020 dice lo siguiente:

1. Se entiende a veces por lenguaje inclusivo aquel en el que las referencias expresas a las mujeres se llevan a cabo únicamente a través de palabras de género femenino, como sucede en los grupos nominales coordinados con sustantivos de uno y otro género. Desde este punto de vista, sería inclusiva la expresión los españoles y las españolas, y no lo sería, en cambio, la expresión los españoles, aun cuando el contexto dejara suficientemente claro que abarca también la referencia a las mujeres españolas. También se considera “inclusiva”, en esta misma interpretación del término, la estrategia de emplear sustantivos colectivos de persona, sean femeninos (“la población española”), sean masculinos (“el pueblo español”), así como la de usar términos nominales que abarquen en su designación a los dos sexos (como en “toda persona española”, en lugar de “todo español”).

2. En la segunda interpretación, la expresión lenguaje inclusivo se aplica también a los términos en masculino que incluyen claramente en su referencia a hombres y mujeres cuando el contexto deja suficientemente claro que ello es así, de acuerdo con la conciencia lingüística de los hispanohablantes y con la estructura gramatical y léxica de las lenguas románicas. Es lo que sucede, por ejemplo, en expresiones como “el nivel de vida de los españoles” o “todos los españoles son iguales ante la ley”.

Está claro que este es un tema controvertido y eso hace que en prensa y redes sociales aparezcan noticias que apoyen las distintas opiniones llegando a distorsionar el debate con posiciones que podríamos llamar “especiales”. Nos estamos refiriendo a poner el foco en el uso de grafismos especiales para uniformar el género (x, @, e final) y el uso reiterado del desdoblamiento de género (hombre/mujer u, hombre y mujer), poco económico gramaticalmente. Este tipo de formas suelen provocar rechazo cuando se utilizan en un texto escrito, además de poder perjudicar la comprensión del texto a personas con minusvalía auditiva o visual. Desde otro punto de vista estas formas “especiales” si podrían ser válidas en situaciones “especiales”, el uso de -x, -@, o -e, puede ser útil en grafismos, carteles, pancartas, … ya que su propósito no es la lectura y comprensión de un texto, sino la transmisión de una idea singular. El desdoblamiento es efectivo en los documentos oficiales donde la burocracia permite saltarse la economía gramatical.

Dado que en nuestra profesión de matemáticas y matemáticos tenemos que redactar diversos tipos de textos dirigidos a la investigación, la docencia y la divulgación, ¿qué sucedería si usamos la imaginación y perdemos un poco de tiempo en replantear la redacción de nuestros documentos? Como dice la Fundéu:

En Fundéu creemos que las lenguas ofrecen recursos suficientes para que cada hablante se sienta cómodo con el uso de lenguaje, para que pueda expresarse de acuerdo con sus ideas y conforme a su manera de entender el mundo y su relación con los demás. No pretendemos, ni pretenderemos nunca, imponer unas formas en detrimento de otras; pero no tenemos reparos en proponer y difundir los recursos que mejor visibilicen a la mujer.

Además propone la guía elaborada por Prodigioso Volcán en la que afirman:

La comunicación es mucho más que textos. También al poner ejemplos, seleccionar una imagen, definir una voz, podemos contribuir o no a la igualdad. Al principio requiere un poco de esfuerzo, pero merece la pena.

Para concluir esta invitación a la reflexión, volvamos al principio. En la página 13 del documento citado en el inicio, Uso inclusivo del castellano, se puede leer:

Cierra los ojos e imagina quién protagoniza estos titulares:

  • Se cuadruplica la violencia de hijos a padres.
  • Los vascos apuestan por el coche híbrido.
  • Dos israelíes muertos y cinco heridos en el ataque de un palestino en Jerusalén.

Si escuchas estos titulares en un informativo de radio, ¿te imaginarás a una vasca en el concesionario? ¿Se te ocurrirá que en realidad son las madres, y no los padres, las principales afectadas por la violencia por parte de sus hijos e hijas? ¿Te imaginarás a mujeres entre los israelíes muertos y heridos?

Guías para el uso no sexista del lenguaje Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad