Por María Gaspar

Probablemente, muchos chicos y chicas a lo largo y ancho del país habrán dedicado parte de su tiempo libre estas vacaciones de Navidad a hacer problemas. Se trata en su mayoría de estudiantes de Bachillerato, pero entre ellos también ha habido, seguro, estudiantes más jóvenes, de Secundaria Obligatoria.

Y es que han trabajado, con ganas e ilusión, para participar el próximo fin de semana en la fase local de nuestra olimpiada, la edición número 57 de la Olimpiada Matemática Española, correspondiente al curso 2020-2021.

Un curso en el que, como tantas otras actividades – escolares o no- la olimpiada estará a la fuerza marcada por la evolución de la pandemia. Actividades como Estalmat – con sedes en casi todas las comunidades autónomas – y similares, como el Taller de Talento Matemático, y por supuesto las sesiones de preparación para la Olimpiada que se organizan en tantas Universidades, se han suprimido este curso, o han pasado a hacerse a distancia. Muchos de los olímpicos y olímpicas de este año habrán podido usar, seguramente, la página web de la OME para encontrar allí los problemas (con soluciones) que se han propuesto en ediciones anteriores… pero no es lo mismo; es duro trabajar en solitario.

No hay duda: la Covid-19 sigue generando, casi un año después de su comienzo, enormes incertidumbres. Pero en el caso de la olimpiada contamos con una certeza: se llevará a cabo, un año más, aunque sea necesario adaptar su desarrollo a las circunstancias actuales.

Así, si habitualmente los seis problemas de los que consta la fase local se reparten en dos sesiones de tres problemas cada uno, este año se hará en una única sesión, con cuatro problemas a resolver en un tiempo máximo de cuatro horas, en un intento de favorecer el que pueda hacerse de forma presencial. Pero pese a todo, puede darse el caso de que los desplazamientos de los concursantes resulten imposibles o muy difíciles, y en las regiones en las que eso ocurra se podrá, por supuesto, pasar a remoto. A la fuerza, hemos aprendido a hacerlo…

El otro cambio destacable para este curso es el retraso de las fechas de la Fase Nacional, que pasan de la tercera semana de marzo al fin de semana del 4 al 7 de mayo, coincidiendo con el fin del estado de alarma. Tal vez entonces se pueda viajar sin riesgos; tal vez la tercera ola no dé ya paso a la cuarta, y aunque sea, claro está, convenientemente enmascarada, la familia olímpica pueda reunirse en Elche, como es el deseo de los organizadores de la Universidad Miguel Hernández y de todos nosotros. Porque la olimpiada es mucho más que un grupo de estudiantes no tan “frikis” que compiten haciendo problemas en tiempo limitado: es, entre otras cosas, el medio para permitir que estos chicos y chicas se conozcan, se hagan amigos, intercambien experiencias y problemas, ¡que aprendan a colaborar, en definitiva!

Pero si desgraciadamente ese encuentro no fuera posible tampoco este año, la Fase Nacional será en las mismas fechas y a distancia.

Y de ahí, los afortunados ganadores formarán el equipo español para la IMO 2021, cuya celebración está prevista en el mes de julio, en San Petersburgo. ¡Segundo intento para esa ciudad!

Ojalá no sea en este caso cierto el dicho popular de que “a la tercera va la vencida” y nos baste con la segunda.

Y ojalá sea posible que alguno de esos futuros olímpicos que aún no conocemos se lleve el Premio Ricardo Pérez Marco – ¡novedad de este curso también! – por ser el primer español o española en obtener Medalla de Oro en una Olimpiada Internacional.